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visión en viaje
El viaje no lo promueve el cuerpo, no lo
propicia la nave. De música embriagada la viajera no oye una grave
letanía, no roza un rumor que fuera entretenimiento o compañía. No
oye, se comunica, porque se viaja, se deja viajar, carroza es la
música lunar. Se fluye, se embarca en el fluir de la música que se
extiende en el espacio, que unifica espacio en su fluir, que no es
carrera ni línea dibujada en el espacio. Éxtasis romántico, música
para el oído, transporte para el espíritu poético, metáfora, viaje,
sonar sobre el ojo la imagen. Irse de viaje, irse de poesía, de
repente ver al máximo compás, descubrir y cantar. Llanura extensiva,
extendida llanura: es en la tierra el negro mar. Los árboles en
altura son colinas blandas detrás del mar. Los árboles más cerca en
la llanura son por su altura praderas más lejos del mar. Y el
horizonte, línea que lo corta, es el aroma de la isla que en él
flota, agolpado en el cristal. Hacia adelante, sorpresa transversal,
humildes cabezas de vértebras alumbradas, de lejos, larga columna de
animal durmiente, suspenso, menos animal que el mar, dormido
repliega en orilla, el extenso mar, el indefinible cielo. A decir el
continente asoma un perfil pequeño, menos animal que el mar, humano
y descubierto, prodigio preparado, tierra capitán, todavía antorcha
de mano en mano, trémula columna de animal ante la oscuridad, orilla
del mar, indirecto ladrón del cielo, primigenio deudor del titán ve
el viajero asomar mínimo, refugio, civilizador y siniestro, el
perfil de la ciudad, como un incendio.
19/03/2010
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