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allí en la tierra...

 

Allí en la tierra se habían matado vacas sagradas. Ofrecí reparos, mi corazón fue exiliado y perdí tripulaciones. Toda la costa era una emboscada. Presencié inútilmente mis propias canciones, pero un dios me permitió esparcir la sangre de los oráculos. Orfeo me enseñó a habitar en la ballena. El mar abrió el disfraz de sus soledades, me hundí en su corazón de animal gigante y somnoliento. Me rozaron los lentos cabellos de las sombras del Hades. Las terribles criaturas de Poseidón descansan y la diosa de ojos de lechuza guía sigilosa mi nave. El dulce movimiento cesa su respiración desesperada. El aire su secreto manifiesto coloca su mano detrás de mi cabeza. Mis ojos recorren temblando las estrellas. Éxtasis de la sustancia, distancia disuelta, esta noche, y todas las noches, el cielo nos abarca, nos tiene, nos corona. Esta noche que tampoco tengo tu mano inmediata, como cada vez que la tormenta calma, la luna y su claro, éxtasis de la sustancia, te develan, flecha que mi brújula imanta. Y descanso, pues todo hacia vos permanece y viaja. Definitivo abanderado mío, rey de la Itaca latida e imposible que ves el cielo que nos abarca, así ya te siento, mi cabeza  descansa, secreto manifiesto, la nave viaja, cierro los ojos, el animal consabido y el dios lejano empujan conmigo la herida proa, te siento, el cielo que te corona y abarca, yo también lo veo; puedo dormir, estoy yendo a casa.




 

septiembre 2009